Ahora toca capitalizarse
La crisis económica iniciada en el verano de 2007, tras el estallido de las hipotecas subprime en Estados Unidos, ha marcado un punto de inflexión en el concepto y funcionamiento de los mercados financieros tal y como los veníamos conociendo en los últimos años.
La situación de las empresas españolas en el contexto actual sigue siendo muy delicada, a nuestra crisis doméstica se suma la crisis financiera internacional que, aunque contenida, sigue teniendo graves efectos sobre la economía real. La principal enseñanza que deberíamos extraer de la situación vivida es la inadecuada gestión del riesgo que se ha hecho por parte de la mayoría de los agentes económicos.

Sin duda alguna la resaca de la crisis financiera, cuando llegue, junto con el marco normativo de “Basilea II”, para las entidades financieras hará de la deuda un recurso de financiación escaso que deberá estar soportado sobre un plan de negocio sólido, contrastado y coherente.
En este escenario las empresas deberían centrarse en estrategias que permitan incorporar Capital (Equity) a sus balances. Para ellos disponen principalmente de dos vías: la incorporación de inversores o cotizar en bolsa.
Los inversores pueden ser industriales, es decir, empresas que buscan participar en otras empresas por los motivos que veremos a continuación, o financieros a través de vehículos de inversión con el Capital Riesgo o los Family Office. La elección de uno u otro inversor no debe ser arbitraria ya que sus respectivos criterios de inversión difieren sustancialmente. Veamos las principales características que los diferencian.
Respecto al objetivo de la inversión el socio industrial siempre lo va a plantear desde una perspectiva estratégica. Por tanto básicamente analizará, la creación de economías de escala, las sinergias operativas, la complementariedad geográfica, la diversificación y los canales de distribución. El socio financiero tendrá una visión más financiera de la operación, buscará empresas con productos / servicios que presenten ventajas competitivas raras, un concepto de negocio atractivo y que le permita obtener, al menos, una TIR (Tasa Interna de Rentabilidad) del 20%.
Los socios industriales buscan el control sobre la gestión de la compañía y tienen un horizonte de inversión a largo plazo, recordemos que el motivo de su inversión es reforzar con la empresa participada las capacidades estratégicas de su grupo. Por el contrario los socios financieros no desean gestionar la compañía y su horizonte de inversión se sitúa entre los 4 y 7 años. Esta última cuestión es importante, porque dada la característica temporal de su inversión, en su análisis inicial dedican el mismo tiempo a analizar la entrada como las posibles estrategias de salida, de forma que su decisión de entrar está supeditada a las conclusiones que el momento actual tengan con respecto a su futura salida.
A la hora de estructurar fórmulas de pago el socio financiero es más creativo que el industrial, tiene mucha más experiencia para dar incentivos a los directivos, acordar fórmulas creativas de financiación por parte del vendedor o de establecer pagos en función de la consecución de objetivos. Respecto al precio, si el socio industrial está realmente interesado suele ganar la batalla, pueden pagar más ya que o bien generan sinergias con la empresa adquirida o bien la adquisición mejora su posición competitiva a largo plazo.
El industrial realiza un estudio más lento y no se fija tanto en la oportunidad puntual. Conoce bien el sector y sabe que tarde o temprano saldrán otras, el socio financiero sin embargo está más presionado por el temor a perder la oportunidad. La due diligence del industrial es menos complicada ya que entiende bien el sector y detecta con mayor claridad las variables de creación de valor, principalmente busca como entender las perspectivas industriales y cómo encajarlas en su propio proyecto.
La opción de las salidas a bolsa hasta hace poco tiempo estaba reservada exclusivamente a las grandes empresas. Pues bien, desde finales del año pasado las empresas familiares también tienen la oportunidad de poder hacerlo a través del Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la llamada “Bolsa de las Pymes”.
Para poder cotizar en el MAB es necesario poner en el mercado un free float (capital que fluctúa libremente en el mercado) de al menos dos millones de euros, lo cual nos da una idea que en este caso el MAB no se ha instrumentado para grandes corporaciones, nace para ser un mercado proveedor de financiación para las pequeñas y medianas empresas. Pertenecer a este “club” tiene como principales ventajas, además de una mayor facilidad de acceso a la financiación ( a través de ampliaciones de capital o de emisiones de deuda), la notoriedad y el prestigio empresarial y la liquidez que da a las acciones de la compañía, pensemos que para ser o dejar de ser accionista en una compañía cotizada únicamente tenemos que dar la instrucción oportuna a nuestro agente de bolsa, pero este mecanismo para entrar y salir no es tan sencillo cuando no cotizamos en un mercado financiero. Además, como factor añadido, al cotizar en un mercado sobre el valor de su compañía, que será el resultante de multiplicar el precio de cotización por el número de acciones que representa el capital social de la empresa.
Como todo nuevo proyecto financiero desde el principio estuvo acompañado por la sombre de la duda ¿funcionará?, ¿es el momento oportuno para salir?, ¿cuándo veremos la primera salida?.
Estas y algunas preguntas más quedaron, al menos parcialmente, contestadas cuando en el pasado 15 de Julio la empresa Zinkia Entertainment SA, la productora audiovisual creadora de los dibujos animados Pocoyó, se convirtió en la primera empresa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil. José María Castillejo, Presidente de la Compañía, en los días previos a la salida declaró que con la salida a bolsa buscaban inversores estables que quieran entrar en un negocio en crecimiento, “queremos evitar al inversor más especulador”•, sentenció. Finalmente la oferta se concretó en una Oferta Pública de Suscripción (OPS) de 3,67 millones de acciones a un precio de salida de 1,92€/acción, lo que supuso una inyección de “dinero fresco” para Zinkia de 7 millones de euros.
El pasado 1 de diciembre la empresa juguetera Imaginarium debutó en el parqué convirtiéndose en la segunda empresa cotizada en el MAB. Félix Tena, Presidente de la compañía, anunció a principios de noviembre que pretendían que la empresa empezara a cotizar antes de finales de 2009 y declaró “la salida al mercado es un paso natural y lógico en la evolución de una compañía multinacional como la nuestra, que nació con clara vocación de crecimiento internacional y quiere seguir acometiendo nuevos proyectos”. La OPS se concretó ofreciendo al mercado 2,85 millones de acciones a un precio de salida de 4,31€/acción, lo que ha supuesto ingresar en la caja de la compañía 12,3 millones de euros.
En estos momentos hay una salida más al MAB anunciada, la de Cacaolat, empresa perteneciente a Nueva Rumasa.
En todo caso siempre es recomendable analizar a fondo, junto a un experto, las distintas posibilidades para ver cuál es la más adecuada en función de nuestra casuística particular.
Francisco Duato Vayá
Socio Director
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