Es sorprendente el incremento de solicitudes de búsqueda de inversores que estamos recibiendo últimamente por parte de empresarios con presiones financieras, pues muchos sienten muy próxima la amenaza del concurso de acreedores. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Las entidades financieras han concedido en España préstamos por importe de 1.8 billones de euros y nuestro paÃs es el más endeudado de la OCDE.
Los bancos y cajas españoles sufren fuertes presiones de liquidez pues deben devolver 900.000 millones de euros a los bancos extranjeros, a ritmo de 90.000 millones al año (en concreto bancos y cajas tienen deudas por 115.000 millones de euros que vencen hasta finales del 2009).
Las entidades financieras se ven, por tanto, obligadas a recuperar todo el dinero posible ya prestado a las empresas y, por supuesto, restringir al máximo la concesión de nuevos préstamos. Para ello, en primer lugar han dejado de descontar papel comercial y no están renovando las lÃneas de crédito a muchas empresas.
La iliquidez lleva al estrangulamiento financiero y por ende a una caÃda sustancial de la actividad. Está claro, menos facturación= menos cash flow= ajuste de plantilla=paro.
Si España quiere mantener su actual ritmo de actividad económica sin siquiera crecer, necesita cada año nueva financiación del exterior por importe de un 10% del PIB (algo más de 100.000 millones de euros de incremento de nueva deuda anual, además de la que tenemos y la tendremos que refinanciar en los próximos años).
Para solucionar este cÃrculo vicioso de deuda exterior en que estamos metidos necesitamos incrementar la competitividad de nuestras empresas para poder exportar y para ello un requisito necesario es flexibilizar el mercado laboral. Es triste, paradójico y, sobre todo, absurdo ver como por causa de la escasa flexibilidad del mercado laboral en España las empresas pierden competitividad y se ven abocadas a acogerse a EREs que acaban pagando solo 20 dÃas por año trabajado en despidos.
Otra medida necesaria, a mi juicio, es la limitación por ley a 30 dÃas los plazos de pago entre empresas y la agilización y endurecimiento de las resoluciones judiciales por impago, pues junto a la presión de los bancos para recortar deuda, nos encontramos con el progresivo alargamiento de los plazos de pago de los clientes (los proveedores me piden avales y los clientes o retrasan los pagos o simplemente no me pagan, me decÃa un empresario). No hace falta ser un genio de las finanzas para entender el estrangulamiento financiero que todo esto está provocando en las empresas españolas.
La aparición del Mercado Alternativos Bursátil para empresas en expansión (el MAB), resulta más que oportuna, porque es un mercado organizado para la búsqueda de inversores que inyecten capital nuevo y fresco en el balance de las empresas con potencial de crecimiento. Sin embargo, es fundamental que el gobierno otorgue ventajas fiscales para los inversores en este tipo de empresas, pues si no, será difÃcil que el MAB despegue en el entorno actual.
O nuestros gobernantes toman medidas ahora, o lo tendrán que hacer cuando se hayan destruido muchas empresas generadoras de riqueza y mucho empleo. Mas vale prevenir que curar, especialmente cuando los sÃntomas están tan claros.
¿Y qué pueden hacer mientras tanto las empresas con fuertes tensiones de liquidez?
Buscar inversores que las capitalicen o redimensionarse, bien mediante segregación de aquellos activos que alguna otra empresa de su propio sector o adyacente pueda considerar o bien integrándose en un grupo mayor logrando sinergias de ingresos y gastos.
En cualquier caso, deben plantear de manera inmediata un plan de refinanciación con modelos financieros claros y una estrategia menos ambiciosa que resulte creÃble a los bancos (que se sienten mucho más confortables si les anticipas tus menores expectativas). Aquellas que tomen la iniciativa y afronten la situación de manera profesional evitarán el concurso, las otras caerán.